
Presentano "Francesca Cabrini: una santa che resiste alla prova del tempo" di Gianni Lattanzio
Entre 1889 y 1917, Francesca Saverio Cabrini cruzó veinticuatro veces el Atlántico para acompañar a los emigrantes italianos en Estados Unidos, hasta llegar a los Andes y a Argentina. En Nueva York, Chicago, Nueva Orleans y otras ciudades americanas, encontró comunidades relegadas en barrios pobres, expuestas a prejuicios sociales e institucionales, y respondió construyendo escuelas, hospitales y orfanatos. El nuevo libro de Gianni Lattanzio, «Francesca Cabrini: una Santa a prueba del tiempo», presentado el 21 de julio de 2026 en la Cámara de Diputados italiana, retoma esa experiencia americana para preguntarse qué significaría hoy, en la era de la inteligencia artificial, ese mismo gesto de acompañar a quienes quedan al margen. Conversamos con el autor sobre este eje del libro: las Américas de Cabrini y las nuevas pobrezas provocadas por la revolución tecnológica.
Entrevista a Gianni Lattanzio
P: Doctor Lattanzio, ¿por qué las Américas ocupan un lugar tan central en su libro?
R: Porque es allí donde Cabrini se convierte verdaderamente en la figura que conocemos hoy. Su misión cambia de dirección por invitación de León XIII: ya no "hacia Oriente", sino "hacia Occidente", hacia las comunidades italianas que emigraban a Estados Unidos. En Nueva York encuentra inmigrantes relegados en barrios pobres, sometidos a juicios sociales e institucionales muy duros. Las Américas no son un simple escenario en el libro: son el lugar donde su carisma se convierte en método, en institución, en respuesta concreta a una época de grandes movimientos humanos.
P: ¿Qué encontró Cabrini exactamente al llegar a esas ciudades americanas?
R: Encontró personas empujadas por el hambre, la falta de trabajo y la ausencia de futuro, que se embarcaban con sus pocas pertenencias soñando con una vida mejor, como recordaba el propio papa Francisco. Pero también encontró barrios donde esos migrantes eran vistos con desprecio, donde la pobreza material se sumaba a la estigmatización social. Su respuesta no fue solo asistencial: fundó escuelas, hospitales, orfanatos, verdaderas infraestructuras de dignidad que permitieron a esas comunidades integrarse sin perder su identidad.
P: Usted traslada esta experiencia americana a un tema muy actual: las nuevas pobrezas digitales. ¿Cómo se conecta esto con Cabrini?
R: La pregunta que atraviesa mi libro es la siguiente: si Cabrini encontró en las Américas a personas excluidas por la lengua, la falta de documentos, la pobreza material, ¿cuáles son hoy los nuevos "puertos de llegada" donde se produce la exclusión? Creo que uno de los más importantes es el digital. La inteligencia artificial y las nuevas tecnologías pueden ser, como fue el Atlántico para los emigrantes italianos, una vía de progreso y oportunidad. Pero también pueden generar un nuevo tipo de "barrio pobre": el de quienes no tienen acceso a la tecnología, no saben usarla, o son discriminados por sistemas automatizados que no los comprenden.
P: ¿Puede explicar mejor esta idea de "pobreza digital" en paralelo con la experiencia migratoria de Cabrini?
R: Cuando los inmigrantes italianos llegaban a Estados Unidos, muchos no hablaban inglés, no conocían las leyes, no tenían redes de apoyo: eso los hacía vulnerables a la explotación laboral y a la marginación. Cabrini insistía en que aprendieran las leyes, el idioma, sus derechos. Hoy, quienes no tienen acceso a internet, no saben usar un sistema digital de salud, de educación o de trámites públicos, o quedan expuestos a algoritmos que refuerzan estereotipos, viven una forma de exclusión estructuralmente similar. El "idioma nuevo" que hay que aprender ya no es solo el inglés o el italiano: es el lenguaje digital que organiza cada vez más nuestra vida cotidiana.
P: ¿Qué lección extrae usted de Cabrini para enfrentar esta nueva forma de pobreza?
R: La lección es que ninguna transformación —ni la migración transatlántica de su época, ni la revolución digital de la nuestra— puede dejarse sin acompañamiento institucional. Cabrini no se limitó a compadecerse de los migrantes: construyó escuelas para que sus hijos pudieran estudiar, hospitales para que fueran atendidos, y trabajó para que conocieran sus derechos. De la misma manera, hoy necesitamos instituciones, escuelas y políticas públicas que acompañen a las personas en la transición digital, para que la inteligencia artificial no se convierta en una nueva frontera de desigualdad.
P: ¿Ve usted el riesgo de que la tecnología repita los mismos errores que denunciaba Cabrini en la experiencia migratoria americana?
R: Sí, y es uno de los puntos centrales del libro. Así como en su tiempo existían barrios enteros de migrantes invisibles para las instituciones, hoy pueden existir "barrios digitales invisibles": personas mayores, comunidades rurales, migrantes recientes, familias de bajos ingresos, que no tienen acceso a las herramientas tecnológicas o que son perjudicadas por sistemas de inteligencia artificial mal diseñados. El riesgo es que, en lugar de reducir las desigualdades, la tecnología las multiplique, tal como en su momento la migración descontrolada multiplicaba la pobreza urbana.
P: Para cerrar, ¿qué mensaje le gustaría que este libro dejara sobre las Américas de Cabrini y el futuro digital?
R: Me gustaría que quedara claro que la historia de Cabrini en las Américas no es solo un capítulo del pasado religioso italiano, sino una lente para mirar el presente. Ella nos demuestra que toda gran transformación —migratoria o tecnológica— exige una respuesta organizada, capaz de proteger a los más vulnerables. Si aprendemos algo de su experiencia americana, es que el progreso solo es legítimo cuando no deja a nadie atrás, ni en un barco que cruza el Atlántico, ni en la brecha digital que hoy divide a nuestras sociedades.
«Francesca Cabrini: una Santa alla prova dei tempi», un libro di Gianni Lattanzio
Premessa
Tra il 1889 e il 1917, Francesca Saverio Cabrini attraversò l'Atlantico ventiquattro volte per accompagnare gli emigrati italiani negli Stati Uniti, arrivando fino alle Ande e all'Argentina. A New York, Chicago, New Orleans e in altre città americane, incontrò comunità relegate in quartieri poveri, esposte a pregiudizi sociali e istituzionali, e rispose costruendo scuole, ospedali e orfanotrofi. Il nuovo libro di Gianni Lattanzio, «Francesca Cabrini: una Santa alla prova dei tempi», presentato il 21 luglio 2026 alla Camera dei Deputati, riprende proprio quell'esperienza americana per chiedersi cosa significherebbe oggi, nell'era dell'intelligenza artificiale, quello stesso gesto di accompagnare chi resta ai margini. Abbiamo parlato con l'autore di questo asse del libro: le Americhe di Cabrini e le nuove povertà provocate dalla rivoluzione tecnologica.
Intervista a Gianni Lattanzio
D: Dottor Lattanzio, perché le Americhe occupano un posto così centrale nel suo libro?
R: Perché è lì che Cabrini diventa davvero la figura che conosciamo oggi. La sua missione cambia direzione su invito di Leone XIII: non più "verso Oriente", ma "verso Occidente", verso le comunità italiane che emigravano negli Stati Uniti. A New York trova immigrati relegati in quartieri poveri, sottoposti a giudizi sociali e istituzionali molto duri. Le Americhe non sono un semplice scenario nel libro: sono il luogo dove il suo carisma diventa metodo, istituzione, risposta concreta a un'epoca di grandi movimenti umani.
D: Cosa trova esattamente Cabrini arrivando in quelle città americane?
R: Trova persone spinte dalla fame, dalla mancanza di lavoro e dall'assenza di futuro, che si imbarcavano con le poche cose che avevano sognando una vita migliore, come ricordava lo stesso papa Francesco. Ma trova anche quartieri dove quei migranti erano guardati con disprezzo, dove la povertà materiale si univa alla stigmatizzazione sociale. La sua risposta non fu solo assistenziale: fondò scuole, ospedali, orfanotrofi, vere infrastrutture di dignità che permisero a quelle comunità di integrarsi senza perdere la propria identità.
D: Lei trasporta questa esperienza americana su un tema molto attuale: le nuove povertà digitali. Come si collega questo a Cabrini?
R: La domanda che attraversa il mio libro è questa: se Cabrini trovò nelle Americhe persone escluse per la lingua, la mancanza di documenti, la povertà materiale, quali sono oggi i nuovi "porti d'arrivo" dove si produce l'esclusione? Credo che uno dei più importanti sia il digitale. L'intelligenza artificiale e le nuove tecnologie possono essere, come fu l'Atlantico per gli emigrati italiani, una via di progresso e di opportunità. Ma possono anche generare un nuovo tipo di "quartiere povero": quello di chi non ha accesso alla tecnologia, non sa usarla, o è discriminato da sistemi automatizzati che non lo comprendono.
D: Può spiegare meglio questa idea di "povertà digitale" in parallelo con l'esperienza migratoria di Cabrini?
R: Quando gli immigrati italiani arrivavano negli Stati Uniti, molti non parlavano inglese, non conoscevano le leggi, non avevano reti di supporto: questo li rendeva vulnerabili allo sfruttamento lavorativo e alla marginalizzazione. Cabrini insisteva perché imparassero le leggi, la lingua, i loro diritti. Oggi, chi non ha accesso a internet, non sa usare un sistema digitale di sanità, di istruzione o di pratiche pubbliche, o resta esposto ad algoritmi che rafforzano stereotipi, vive una forma di esclusione strutturalmente simile. La "nuova lingua" da imparare non è più solo l'inglese o l'italiano: è il linguaggio digitale che organizza sempre di più la nostra vita quotidiana.
D: Quale lezione trae da Cabrini per affrontare questa nuova forma di povertà?
R: La lezione è che nessuna trasformazione — né la migrazione transatlantica del suo tempo, né la rivoluzione digitale della nostra — può essere lasciata senza accompagnamento istituzionale. Cabrini non si limitò a compatire i migranti: costruì scuole perché i loro figli potessero studiare, ospedali perché fossero curati, e lavorò perché conoscessero i propri diritti. Allo stesso modo, oggi abbiamo bisogno di istituzioni, scuole e politiche pubbliche che accompagnino le persone nella transizione digitale, perché l'intelligenza artificiale non diventi una nuova frontiera di disuguaglianza.
D: Vede il rischio che la tecnologia ripeta gli stessi errori che Cabrini denunciava nell'esperienza migratoria americana?
R: Sì, ed è uno dei punti centrali del libro. Così come nel suo tempo esistevano interi quartieri di migranti invisibili per le istituzioni, oggi possono esistere "quartieri digitali invisibili": anziani, comunità rurali, migranti recenti, famiglie a basso reddito, che non hanno accesso agli strumenti tecnologici o sono danneggiati da sistemi di intelligenza artificiale mal progettati. Il rischio è che, invece di ridurre le disuguaglianze, la tecnologia le moltiplichi, così come a suo tempo la migrazione incontrollata moltiplicava la povertà urbana.
D: Per concludere, quale messaggio vorrebbe che questo libro lasciasse sulle Americhe di Cabrini e sul futuro digitale?
R: Mi piacerebbe che fosse chiaro che la storia di Cabrini nelle Americhe non è solo un capitolo del passato religioso italiano, ma una lente per guardare al presente. Lei ci dimostra che ogni grande trasformazione — migratoria o tecnologica — richiede una risposta organizzata, capace di proteggere i più vulnerabili. Se impariamo qualcosa dalla sua esperienza americana, è che il progresso è legittimo solo quando non lascia indietro nessuno, né su una nave che attraversa l'Atlantico, né nel divario digitale che oggi divide le nostre società.
25-07-2026
Autore Rita Valenzuela
italodominicanotv.com

